La noche anterior, prepara el pollo. Lávalo y retira los tendones. Como mencioné, suelo realizar un corte a lo largo del hueso en las piezas con hueso, y así las marino.
Ahora preparamos el adobo. En 1 dl de aceite, ralla el diente de ajo. Luego, añade 0,5 cucharadita de chile molido. Según tu gusto, puedes poner más o menos. A continuación, exprime el zumo de medio limón y agrégalo a la mezcla aceitosa. Seguidamente, incorpora 2 cucharadas de miel (yo usé miel de flores). Después, sazona con sal y añade la pimienta negra molida. Finalmente, integra 1 cucharadita de pimentón rojo.
Mezcla todo bien; así quedará el adobo.
Vierte el adobo sobre los muslos de pollo y masajea bien para que se impregne la carne. Colócalos en un recipiente hermético y déjalos reposar en la nevera durante toda la noche.
Tras marinar los muslos durante una noche, saca el pollo. Mientras tanto, precalienta tu freidora de aire. Rocía la cesta con aceite en spray o úntala con un pincel para evitar que se pegue el pollo. Coloca los muslos en la cesta y programa la freidora a 160 ºC durante 20 minutos.
Pasados 20 minutos, los muslos se verán así: la miel se habrá caramelizado sobre ellos.
Al darles la vuelta, observa cómo queda la parte inferior, la zona de la piel. Déjalos 5 minutos más a la misma temperatura, 160 ºC.
Así se ve la carne junto al hueso tras la cocción: perfectamente hecha, tierna, jugosa y suave.
¡Listo para servir! ¡Buen provecho!